viernes, mayo 23, 2008



-Don Pablo, estoy enamorado.
-Eso ya lo dijiste. ¿Y yo en qué puedo servirte?
-Tiene que ayudarme.
-¡A mis años!
-Tiene que ayudarme, porque no sé qué decirle. La veo delante mío y
es como si estuviera mudo. No me sale una sola palabra.
-¡Cómo! ¿No has hablado con ella?
-Casi nada. Ayer me fui paseando por la playa como usted me dijo.
Miré el mar mucho rato, y no se me ocurrió ninguna metáfora. Entonces,
entré a la hostería y me compré una botella de vino. Bueno, fue ella la
que me vendió la botella.
-Beatriz.
El cartero de Neruda
21
-Beatriz. Me la quedé mirando, y me enamoré de ella.
Neruda se rascó su plácida calvicie con el dorso del lápiz.
-Tan rápido.
-No, tan rápido no. Me la quedé mirando como diez minutos.
-¿Y ella?
-Y ella me dijo: «¿Qué miras, acaso tengo monos en la cara?».
-¿Y tú?
-A mí no se me ocurrió nada.
-¿Nada de nada? ¿No le dijiste ni una palabra?
-Tanto como nada de nada, no. Le dije cinco palabras.
-¿Cuáles?
-¿Cómo te llamas?
-¿Y ella?
-Ella me dijo «Beatriz González».
-Le preguntaste «cómo te llamas». Bueno eso hace tres palabras.
¿Cuáles fueron las otras dos?
-«Beatriz González.»
-Beatriz González.
-Ella me dijo «Beatriz González» y entonces yo repetí «Beatriz González >>
(...)

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